EL LÍDER Y SU INTELIGENCIA EMOCIONAL
Por: Carlos J. Miñano Sanchez
Fecha: Diciembre, 28 de 2014.
Estamos existiendo en el siglo XXI y aun no hemos asimilado que debemos seguir evolucionando, aun en nuestro país, existen escasas investigaciones, escasos desarrollo de proyectos con repercusiones positivas en la sociedad, que nos conduzcan a un cambio donde se ofrezca a cada ciudadano calidad de vida, paz y justicia social.
Estamos existiendo en el siglo XXI y aun no hemos asimilado que debemos seguir evolucionando, aun en nuestro país, existen escasas investigaciones, escasos desarrollo de proyectos con repercusiones positivas en la sociedad, que nos conduzcan a un cambio donde se ofrezca a cada ciudadano calidad de vida, paz y justicia social.
La realidad actual, nos evidencia día a día el escaso
control de emociones que tienen nuestros líderes políticos, administrativos y
militares de nuestra nación, donde la credibilidad se ha escaseado, decayendo
el arte de persuadir a la gente, para que trabaje por el bien común.
Ante la débil practica de los valores o trabajadores
intimidados y desprovistos de poder por jefes arrogantes o magnánimos;
premunidos de deficiencias emocionales o bajos niveles de inteligencia emocional, nos conducen al fracaso como
sociedad, como empresa y también como país; por eso al precisar el pensamiento
investigador de autores como Daniel Coleman, Chiavenato, Howard Gardner, entre
otros, nos proporcionan la guía de como el liderazgo debe estar empoderado en
la vida practica de valores y de control de emociones, para reducir daños o
repercusiones negativas en las organizaciones y en la sociedad.
Es por ello que bien vale precisar de que existe grados de
costo efectividad de la inteligencia emocional en las organizaciones, sin importar el tipo de
la misma, pues si la personas están emocionalmente perturbadas, no recordara bien,
ni atenderá o aprenderá con eficacia, ni tomara decisiones con claridad.
Lo afirmado por Muriel Fox, tiene mayor asidero puesto
que el género de mujer, les da cuenta de que
las mujeres lideran de manera distinta a los hombres, puesto que los
hombres fueron programados para dar órdenes, las mujeres motivar a las
personas, educarlas y sacar lo mejor que hay en ellas; ya que el liderazgo
femenino es menos autoritario.
I.
MARCO
TEORICO
1.1. De
liderazgo
Según Chiavenato (1993), define al
Liderazgo como la influencia
interpersonal ejercida en una situación, dirigida a través del proceso de
comunicación humana a la consecución de uno o diversos objetivos específicos".
Jiménez (2003), Afirma que el
liderazgo es un proceso mediante el cual el individuo ejerce de manera
sistemática más influenciada que en otros en el desarrollo de las funciones
grupales. No se trata, pues, de influencias ocasionales o esporádicas, ni de
influencias ligadas al ejercicio de una tarea grupal concreta.
Egoavil (1998). Define al liderazgo como un sujeto normal en
su condición biológico, pero con una elevada carga de autoestima orientada a un
comportamiento en el que la necesidad de logro se presenta como característica
fundamental. Así mismo dice que el líder es aquel que direcciona al grupo y que lo sigue hacia un trabajo que puede
tener resultados positivos o negativos para llegar ala meta, por tanto el
liderazgo se manifiesta en conductas dirigidas a la obtención de metas y para
ello se ejerce cierta influencia sobre ortos a través de la propia
comunicación.
Ginebra, (1997). Argumenta que el
liderazgo es aquella capacidad de conducir una organización hacia
el futuro elegido sin la necesidad de procedimientos de avance, en otras
palabras es la cualidad que hace, por si sola, converger los procesos
espontáneos de una organización hacia el logro del propósito.
Valderrama, (1996). El liderazgo
también es rotativo, es decir, que juego tras juego, los niños van rotándose el
liderazgo aceptando de forma natural que cada cual puede exigir al grupo,
indica que hacer y que plantea un esquema
muy sencillo de trabajo donde en resumen existe un objetivo, una
motivación para lograrlo, una dirección que enseña y guía una libre participación
del líder natural es parte del equipo y evolución sobre la realización del
objetivo.
Según la teoría de los rasgos
de Personalidad (2004), existen rasgos personales que nos permiten ser
diferentes de los demás, algunos rasgos se relacionen con el éxito personal y
estos rasgos, marcados por las diferencias individuales, serían los
responsables del comportamiento del líder.
1.2. De
Inteligencia Emocional
La investigación sobre la
inteligencia probablemente se inicia con los estudios de Broca (1824-1880), que
estuvo interesado en medir el cráneo humano y sus características, y por otra
parte descubrió la localización del área del lenguaje en el cerebro. Al mismo
tiempo, Galton (1822-1911) bajo la influencia de Darwin, realizaba sus investigaciones sobre los
genios, donde aplicaba la campana de Gauss. También en esta época Wundt
(1832-1920) estudiaba los procesos mentales mediante la introspección. Pero es
a partir de Binet cuando se habla de la medición de la inteligencia cuyos
efectos sobre la educación son imponderables. Es en 1905 cuando Binet
(1857-1911) elabora el primer test de inteligencia, a partir de una demanda del
Ministerio de Educación francés, con objeto de identificar a los sujetos que
podían seguir una escolaridad ordinaria y distinguirlos de los que requerían
educación especial. Posteriormente, en 1912, Stern introduce el término de CI
(Coeficiente Intelectual) que tendrá una gran aceptación y difusión. En 1908 se
traduce el test de Binet-Simon al inglés; pero no empieza a ser difundida hasta
la versión de 1916, conocida como Stanford-Binet, bajo la dirección de L.
Terman. Esta prueba fue utilizada en la Primera Guerra Mundial para examinar a
más de un millón de reclutas americanos, lo cual contribuyó a su difusión y
general conocimiento. Sucesivas revisiones en 1937 y 1960, dotaron a este
instrumento de una consistencia que lo hizo mundialmente famoso; el concepto de
CI pasó a ser conocido por el gran público. Cattell (1860-1944) difundió los
tests de inteligencia por Estados Unidos, con la idea de que eran buenos
predictores del rendimiento académico.
Según Salovey y Mayer (1997), La inteligencia emocional se define
como la habilidad de las personas para atender y percibir los sentimientos de
forma apropiada y precisa, la capacidad para asimilarlos y comprenderlos de
manera adecuada y la destreza, para regular y modificar nuestro estado de animo
o el de los demás.
Spearman (1863-1945) y
Thurstone (1887-1955) aplicaron el análisis factorial al estudio de la
inteligencia. Este último, a partir del factor g extrajo siete
habilidades mentales primarias (comprensión verbal, fluidez verbal, capacidad
para el cálculo, rapidez perceptiva, representación espacial, memoria y
razonamiento inductivo) que, en cierta forma, se puede considerar como un
antecedente remoto de las inteligencias múltiples (IM) de Gardner (1983). Otro
antecedente de las IM es Guilford, que en 1950 presentó sus trabajos sobre
estructura de la inteligencia, que abrieron la puerta al estudio de la
creatividad y al pensamiento divergente.
Muchos modelos posteriores se
han propuesto para describir el constructo de inteligencia y sus factores.
Entre ellos cabe destacar a los continuadores del enfoque factorial-analítico,
ya sean monistas (Jensen, Eysenck, Anderson) o pluralistas (Horn, Ackerman);
las teorías del aprendizaje (Schank, Snow, Butterfiel, Brown, Campione,
Perkins); las teorías del procesamiento de la información (Carroll, Hunt, Stenberg,
Shore, Dover); las teorías del desarrollo cognitivo (Piaget, Arlin, Flavell,
Case, Ziegler, Li), etc. (Prieto y
Ferrandiz, 2001: 15-38), etc. La discusión sobre el constructo de inteligencia
sigue abierta. Aportaciones recientes se han referido a la inteligencia
académica, inteligencia práctica, inteligencia exitosa, inteligencia social,
inteligencias múltiples, inteligencia emocional, etc. Las tres últimas revisten
una particular importancia por el tema que nos ocupa.
El desarrollo de habilidades
sociales (Zirkel, 2000). La competencia social es importante en múltiples
situaciones: escuela, familia, trabajo, sociedad, etc. El desarrollo de
habilidades sociales ya tiene una larga tradición; buenos ejemplos son los
trabajos de Goldstein et al. (1989), Monjas (1993), Paula Pérez (2000) y muchos
otros. Para una panorámica del estado de la cuestión, donde se revisa la
efectividad de más de 700 programas véase Topping, Holmes y Bremmer (2000).
Recientemente han aparecido páginas web donde se ofrecen recursos (por ejemplo:
http://ericir.syr.edu) y enlaces con otras páginas.
Howard Gardner pone en
cuestión el CI, que se ajusta a la "escuela uniforme", y como
alternativa propone la teoría de las inteligencias múltiples. H. Gardner, de la
Universidad de Harvard, realizó entre 1979 y 1983 un estudio sobre la
naturaleza del potencial humano y su realización, cuya culminación fue la
publicación de la obra Frames of mind. Esta obra tuvo escaso eco en el
mundo de la psicología, sin embargo provocó un gran revuelo entre los
profesionales de la educación. En 1993 publicó Múltiple intelligences. The
theory in practice, cuya traducción al castellano ve la luz en 1995. En
esta obra se expone de manera sistemática la teoría de las inteligencias
múltiples, preguntas y respuestas que han ido surgiendo a lo largo de estos
diez años, la educación de las inteligencias múltiples, su evaluación y lo que
puede ser la escuela del futuro, centrada en la atención a la diversidad. En
esta obra Gardner (1995) distingue siete inteligencias: musical,
cinético-corporal, lógico-matemática, lingüística, espacial, interpersonal e
intrapersonal. Posteriormente Gardner (2001) añade dos más: inteligencia
existencial e inteligencia naturalista.
La inteligencia naturalista se refiere a la conciencia ecológica que
permite la conservación del entorno; la existencial es la que utilizamos cuando
nos formulamos preguntas sobre el sentido de la vida, el más allá, etc. Incluso
sugiere la posibilidad de otras inteligencias.
De todas estas inteligencias,
son la inteligencia "Inteligencia interpersonal” interpersonal y la
“inteligencia intrapersonal” las que nos interesan particularmente, ya que son
las que tienen que ver con la inteligencia emocional. En cierta forma, la
inteligencia emocional está formada por estas dos inteligencias. En otro orden
de cosas, la inteligencia interpersonal tiende a coincidir con lo que otros
autores han denominado inteligencia social (Zirkel, 2000, Topping, Bremmer y
Holmes, 2000; Topping, Holmes y Bremmer, 2000; Cherniss, 2000, etc.). Mientras
que la inteligencia intrapersonal tiende a coincidir con la inteligencia
personal (Sternberg, 2000; Hedlund y Sternberg, 2000).
Tener la
personalidad de liderazgo obedece a estar dentro de una estructura superior a
la que muchos de las personas somos, pues las características de un líder, de
acuerdo a las exigencias propias del siglo XXI que estamos viviendo, se
sustentan en que debe tener alto grado de competencias o habilidades y manejo de
emociones.
Para ello es
imprescindible que esta persona conozca sus propias emociones, aprenda a controlarlas, tomando en sus manos
los posibles efectos, porque sabe que sus emociones tendrán un impacto en el
equipo que lidere.
En se sentido es necesario que en forma consecuente utilice
emociones positivas para establecer relaciones interpersonales sólidas. Así
mismo deberá trabajar en la construcción de la confianza entre los miembros de
su equipo, facilita la creación y mantenimiento de un ambiente de trabajo donde
se comparten ideas, se aprende de otros, y existe una tendencia natural a la
toma de decisiones grupales.
El líder además de todo esto debe tener un
conocimiento técnico adecuado, no ser carismático o tener predisposición, pero
para el logro de objetivos de forma eficiente es importante la creación de ese
ambiente que se precisa en el párrafo anterior.
El conocerse implica autoconocimiento, saber acerca de
sus fortalezas, debilidades de uno mismo como líder, ser consciente de sus
propias emociones y valorar como éstas influyen en otros. El control de las emociones es fácil
si comprendo ¿qué son las emociones y qué las genera?
El líder
debe controlar las emociones e impulsos que puedan generar conflictos en
el grupo, ser responsable, íntegro, honesto, adaptarse a cambios, flexible, buscar
la excelencia, tener iniciativa y sobre todo ser optimista.
Sin embargo no se puede soslayar además de esas competencias las
características adicionales que hacen a un líder como la confianza en
sí mismo (optimismo), entusiasmo, coraje, carisma, visión de futuro, Coraje o
valentía, contagioso entusiasmo, optimismo, Sensibilidad Social, Perseverancia,
Persuasividad,, credibilidad, Habilidad para organizar y planificar. para tomar
decisiones, para obtener o dar colaboración, Ser inconforme, Ser muy realista,
ser Proactivo, saber arriesgar, ser creativo, ser comprometido, saber compartir
el Liderazgo, saber delegar de acuerdo con el estado de madurez de sus
seguidores, ser Motivador para el logro Común, tener alta autoestima sin perder
la humildad, tener sensibilidad para corregir errores, saber escuchar, ser un
estudiante permanente, mantener una "Conducta ética", ser enérgico,
los líderes prevén el futuro, infundir valores, honestidad, tener el carácter
de miembro, El amor a la actividad, Gran capacidad de comunicación, Capacidad
para identificar las oportunidades y vencer el temor a los errores, Energía,
infundir valores, Fe en la misión personal y del grupo, ética., actitud
positiva, receptivo, participativo, estratega, flexible, emprendedor e
innovador.
Las
características de líder son el punto de equilibrio de la personalidad, donde se
irradia con pertinencia emociones. Abraham-Hicks las emociones vienen de la sensación de que
nos dice cuando nos centramos en lo que queremos y cuando en el frente de la
misma.
Las características desarrolladas o con
las competencias extraordinariamente bien definidas en una personalidad de
líder dan el acertado cóctel poderoso de éxito y efectividad, para lograr
alcanzar las metas de una organización, cualquiera que esta sea.
Según Daniel Coleman, en sus
investigaciones recientes encontró que los líderes más efectivos coinciden en
un factor fundamental: todos ellos demuestran un alto nivel de inteligencia
emocional. Este tipo de inteligencia influye tanto en su actuación como en sus
compromisos, actitudes y conductas, los cuales se agrupan en cuatro dimensiones
como son 1) Autoconciencia y
autocrítica, como es que nos expresamos, y el porque nos expresamos en
una u otra forma; 2) Autocontrol y autorregulación de la conducta, implica tomar conciencia de su personalidad e
inclusive de si mismo 3)Motivaciones trascendentes, punto donde se focaliza lo
que motiva la existencia del líder y si sus metas son superficiales o valiosas,
Goleman lo define como “las tendencias emocionales que guían o facilitan el
logro de nuestros objetivos”; 4)Empatía
y Compromiso social, cuyo trasfondo implica según Daniel Goleman ponerme en los
zapatos del otro o sentir con el otro y comprenderlo, su capacidad de relación
y vinculación y cuál es su compromiso frente al grupo y la comunidad.
La obra The Bell Curve
(Herrnstein y Murray, 1994), en la cual se pone el dedo en la llaga de la
polémica entre igualitarismo y elitismo, justifica la importancia del CI para
comprender las clases sociales en América y en otras sociedades. Estos autores
defendían la postura elitista. Según ellos, la inteligencia de la gente se
distribuye de acuerdo con la curva normal: pocos son muy inteligentes, muchos
están en el medio, y unos pocos tienen poca inteligencia. Estas diferencias son
difíciles de cambiar. Toman en consideración la relación entre inteligencia y
economía, señalando una relación entre baja inteligencia y pobreza o desempleo;
mientras que la alta inteligencia se relaciona con empleos bien pagados y con
más salud. Las personas inteligentes consiguen reconocidos títulos universitarios
que les permiten acceder a buenos empleos, con buenos sueldos, y como
consecuencia son felices. En cambio las personas poco inteligentes tienen
dificultades de aprendizaje, obtienen títulos de bajo nivel o ninguno, tienen
dificultades en lograr empleos y los que obtienen son temporales, poco
considerados y mal pagados; como consecuencia no pueden ser felices. Poner
sobre el papel ideas tan elitistas era provocar la reacción y la controversia.
La resonancia fue tan grande, tanto en
la prensa, en los mass media y en la literatura científica, que hasta se
llegó a hablar de The Bell Curve Wars (Fraser, 1995). En este ambiente
llegó la obra de Goleman (1995), Emotional Intelligence, adoptando una
postura de reacción al elitismo de The Bell Curve. Goleman contrasta la
inteligencia emocional con la inteligencia general, llegando a afirmar que la
primera puede ser tan poderosa o más que la segunda y que el EQ (emotional
quotient) en el futuro substituirá al CI. Pero, lo que es más importante: las
competencias emocionales se pueden aprender. Todas las personas pueden aprender
inteligencia emocional. Por tanto, todos pueden ser inteligentes emocionales y
ser felices. En este sentido, Goleman tomaba la postura igualitaria, frente al
elitismo.
A esto hemos de añadir que
Goleman presentó su obra en un momento en que el antagonismo entre razón y
emoción empezaba a ser superado. Se acababan de producir aportaciones
importantes a favor de la emoción por parte de la investigación científica
(psicología cognitiva, psicología social, neurociencia, psiconeuroinmunología,
etc.). Esto ayuda a entender mejor la popularización de la inteligencia
emocional que se produjo a partir de este momento.
Goleman (1995) plantea la
clásica discusión entre cognición y emoción de un modo novedoso.
Tradicionalmente se ha asociado lo cognitivo con la razón y el cerebro, y por
tanto con lo inteligente, positivo, profesional, científico, académico,
masculino, apolíneo, Super-Yo, principio de realidad, etc. Mientras que lo
emocional se ha asociado con el corazón, los sentimientos, el Ello, lo
femenino, lo familiar, la pasión, los
instintos, lo dionisíaco, el principio del placer, etc. Es decir,
tradicionalmente lo racional se ha considerado de un nivel superior a lo
emocional. Goleman plantea el tema dándole la vuelta, en un momento en que la
sociedad está receptiva para aceptar este cambio. Las obras de Matthews (1997)
y Dalgleish y Power (1999), entre otras, son un indicador de la necesaria
complementariedad entre cognición y emoción. Esta receptividad hacia la
aceptación del binomio cognición-emoción, se debe a un conjunto de factores,
entre los cuales están el creciente índice de violencia (con su carga
emocional); la evidencia de que lo cognitivo por sí mismo no contribuye a la
felicidad; la evidencia de que la motivación y el comportamiento obedecen más a
factores emocionales que cognitivos; la constatación de que el rendimiento
académico no es un buen predictor del éxito profesional y personal; las
aportaciones de la psicología cognitiva, la neurociencia y la
psiconeuroinmunología; una creciente preocupación por el bienestar más que por
los ingresos económicos (downshifting); la creciente preocupación por el
estrés y la depresión, con la consiguiente búsqueda de habilidades de
afrontamiento, donde los índices de venta de los libros de autoayuda son el
indicador de una necesidad social, etc.
Desde entonces la inteligencia
emocional ha sido definida y redefinida por diversos autores. Mayer, Salovey y
Caruso (2000) exponen como se puede concebir la inteligencia emocional, como
mínimo de tres formas: como rasgo de
personalidad, como habilidad mental y como movimiento cultural (Zeitgeist).
La teoría de
las inteligencias múltiples propuesto por Howard Gardner . En la que la
inteligencia no es vista como algo
unitario sino como un conjunto de inteligencia múltiples distintas e independientes.
Howard, define
la inteligencia como una capacidad la convierte en una destreza que se puede
desarrollar y por el contrario no niega el componente genético, pero sostiene
que esas potencialidades se van a desarrollar de una u otra manera dependiendo
del medio ambiente, educación etc. Estas denominadas competencias por unos y
por otros habilidades se puede consiguen vivir en armonía consigo mismo y con
su entorno
La inteligencia emocional es
un nuevo paradigma al que muchas compañías de clase mundial se han adherido; en
su libro "La inteligencia emocional aplicada al liderazgo y a las
organizaciones", Robert Cooper y Ayman Sawaf la definen como: "la capacidad de sentir, entender y aplicar
eficazmente el poder y la agudeza de las emociones como fuente de energía
humana, de información, de conexión interpersonal y de influencia".
Plantean que varios pensadores del liderazgo se han dado a la tarea de sugerir
a las empresas conservar las emociones como la piedra angular e incluso
recuerdan a Henry Mintzberg en 1.976 en Harvard Bussines Review:
"es en la intuición donde debemos
buscar las llaves perdidas de la administración".
Desde el principio de los
tiempos, el ser humano debió crear un conjunto de reglas, fórmulas y normas
para dar sentido y cuerpo a las organizaciones, la rigidez que tenían era tal
que fueron poco a poco dando mucha "seriedad" a sus empresas; a
comienzo de los años 70´ los formadores de liderazgo se dieron cuenta que
faltaba algo que explicara el porqué del fracaso de personas brillantes que
seguían las reglas generalmente aceptadas desde el punto de vista del
conocimiento en función de los logros obtenidos en la administración de los
negocios.
Infirieron que las emociones
estaba jugando un papel preponderante en la ejecución de las políticas, la
rigidez a la que hacíamos referencia se había "apoderado" de las
compañías y que una empresa "sana" era la que dejaba aflorar y permitía
que sus empleados demostraran lo que sentían sin mayor límite que la inducción
cuando creían que una reacción no estaba en sintonía con la visión del negocio.
Aunado a ello, empezaron a
estudiar a empresas que eran muy rígidas en sus procederes y luego siguieron
las carreras de algunos ejecutivos que cambiaron de compañía a algunas que
aceptaban las expresiones emocionales y su sorpresa fue que el desempeño
obtenido por esas personas eran superiores a los obtenidos en sus trabajos
anteriores.
Una de las características principales
para el liderazgo es una alta tolerancia a la frustración, y alto control de
sus emociones, incluso del celo profesional, donde la competencia es uno de sus
alicientes.
No obstante, para Muriel
Fox, una prominente ejecutiva de relaciones públicas que en 1966 co-fundó la
Organización Nacional de Mujeres (NOW) en USA y lideró el esfuerzo de
comunicación que introdujo el moderno movimiento de la mujer a los medios del
mundo y co-fundadora y actual líder del
Fondo para la Defensa Legal y la Educación NOW (ahora llamada Legal Momentum );
refirió en un artículo de la revista Self, titulado “Las emociones dentro de un
portafolio de mujer”, Michael Korda, editor, describe un cambio en su propia
conciencia masculina de la noción de los distintas perspectivas de los hombres
y las mujeres ante el trabajo (especialmente el de equipo) y el liderazgo.
Sus reflexiones: solventan que
“Las mujeres son mejores trabajadoras en grupo que los hombres. Sin que importe
cuánta sea su fortaleza, tienden a buscar consenso, mientras los hombres
tienden a desconfiar y pelear.
“Las mujeres en posiciones de
poder corporativo suelen liderar sin muchos golpes y exposición innecesaria del
ego. Suelen tomar muy en serio los objetivos de la empresa y se sorprenden de
que los hombres no lo hagan, como suele pasar. Por otro lado las mujeres
tienden a operar con un proceso de pensamiento más integrado. Encuentran
difícil separar sus sentimientos de su trabajo, lo que quiere decir que toman
decisiones que comprometen toda su personalidad... Para ser franco, son más
humanas que los hombres, justamente porque no están tan divididas en su forma
de pensar”.
La intuición y la sensibilidad
también pueden ser poderosas herramientas de líder frente a frente y en la toma
de decisiones grupales. Comprender el impacto emocional del comportamiento de
uno y de los demás es ventajoso. Al poder evaluar las reacciones no expresadas
de colegas y empleados, los gerentes obtienen una respuesta inmediata acerca de
cómo los demás perciben sus ideas y su comportamiento. Con la ayuda de esta
respuesta constante, pueden adaptar el enfoque, maximizar la influencia y
disminuir la posibilidad de alienar a los demás. Cuando se trata de convencer a
otros de una idea o evaluar si es el momento apropiado para introducir
propuestas nuevas o controvertidas, poder percibir el humor que prevalece o el
estado emocional de un grupo, se vuelve una habilidad crucial del líder. Aunque
la consideración de los sentimientos ajenos pueda no parecer un acto de poder,
es un ejemplo de cómo la habilidad interpersonal se puede utilizar para reducir
la resistencia y crear un clima más positivo para la discusión y la toma de
decisiones.
“En una parodia de la
ceremonia de graduación de veinte mujeres que se convertirían en técnicas de
servicio, se otorgaron certificados de aptitud a todas las que completaron el
riguroso curso de 10 semanas. La inscripción decía:
No importa lo que haga, la
mujer debe hacer todo el doble de bien que los hombres, para que la consideren
la mitad de buena.” Por suerte, esto no es difícil.
El líder es la
persona que conociéndose así mismo tiene control de sus emociones y ante una
acción o eventualidad difícil o critica,
expresa incluso en forma corporal su liderazgo, irradiando optimismo y
respuestas positivas, encontrando oportunidades ante los fracasos.
Ø
El genero masculino o femenino, tienen formas
distintas de control de sus emociones por lo que de lo expresado, se colige que
la mujer tiene mayor y mejor proyección del liderazgo que el hombre.
Ø
Es una herramienta de mucha utilidad el tener
capacidad de saber que nos afecta emocionalmente y ser capaz de controlarlo; ya
que la incapacidad de manejar nuestras emociones, afectaría su actividad
laboral, su vida en pareja, familiar y particular visión del mundo.
Ø
El liderazgo que proyecte o irradie un gerente, puede
repercutir en el éxito o fracaso de una gestión administrativa y empresarial;
ya que si a sus colaboradores no se les hace sentir que su presencia en la
organización es esencial, puede determinar el éxito de la empresa por la falta
de compromiso y conducirlo al fracaso, lo que determinaría un cambio de
políticas en las organizaciones del siglo presente.
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