jueves, 4 de septiembre de 2014

TAL VEZ

TAL VEZ

Por: Carlos Miñano Sánchez

Siempre se viene diciendo que los valores, la ética, el respeto, la honradez, se aprenden en casa, lo cual es muy cierto para los psicólogos y profesionales en general. Nos hemos atrevido a decir que en hogares disfuncionales, las cosas no irían bien para una familia; sin embargo hay hogares, donde con la presencia materna, tenemos personas exitosas, triunfadoras e incluso que han dejado huella y son ejemplo de vida a seguir.

En ese sentido si desde niños se les enseña buenas practicas, entonces buenas practicas harán siendo hombres.  De hecho erradicaremos los males que hoy aquejan nuestro país, como la corrupción, la violencia entre otros males que se han convertido un cáncer en segundo grado.

Aunque algunos de ciertas creencias dicen que la religión es el opio del pueblo. Tal vez sería muy importante ponernos a meditar si estamos aplicando malas prácticas, donde a los niños se les enseñe a ser violentos y a no tenerle temor a Dios. Tal vez cabría preguntarse, ¿Cuantas veces vamos a misa?, ¿hemos enseñado a nuestros hijos a ser reverentes a Dios? ¿Habremos enseñado a nuestros hijos que la vida te la da Dios y solo él te la quita? ¿Hemos  enseñado a nuestros hijos a ser tolerantes? ¿Habremos enseñado a nuestros hijos a ser prudentes? ¿Habremos enseñado a nuestros hijos  a luchar por la felicidad? ¿Habremos enseñado a nuestros hijos a perdonar? ¿Cuántas veces conversamos con nuestros hijos sobre temas de actualidad?

Por tal motivo, tal vez es importante y decisivo que después de esa reflexión analicemos nuestra conducta como padres, para irradiar cada día con el ejemplo, para enseñar a luchar ya no contra la violencia, tal vez estemos haciendo mal con ello, tal vez debemos enseñar  a luchar por la paz, como nos pidiera Teresa de Calcuta alguna vez; tal vez debemos de dejar de luchar contra la pobreza, sino luchar por la riqueza. Tal vez sea mucho mejor recurrir nuevamente a aquellos juegos de campo, de espacio, de sonrisas y carcajadas, a esos juegos donde te ensuciabas las manos y dejar de lado los juegos de computadora, que solo tensan a la persona, estresan y los conducen al borde de la ludopatía.

Tal vez mis palabras no puedan apagar el fuego del bosque, solo espero que Dios ilumine el corazón de ustedes que leen este mensaje; para poder contribuir por la pacificación sostenida de nuestro región y por ende de nuestro amado Perú, teniendo presente, que debemos irradiar alegría y que la felicidad nos llevara siempre más lejos. 

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